El 21 de abril, un grupo de unos 12 seniors conocimos el barrio de Horta gracias a nuestra compañera Maria Riera. Gracias a ella recorrimos el barrio viendo los edificios, las plazas y las calles más emblemáticas de este precioso barrio.
Empezamos en la plaça Eivissa, donde nos explicó el origen de Horta. Horta era un pueblo colindante a Barcelona que en el año 1904 quedó anexionado a la ciudad (en la plaça Eivissa se conserva una estatua de una ibicenca regalada por el Ayuntamiento de Barcelona cuando tuvo lugar la anexión). En aquel entonces había mucho terreno dedicado a la agricultura, pues era —y es— una zona muy rica en agua, con numerosos torrentes. Existían entre 50 y 60 casas preciosas tipo “masies” dedicadas al cultivo. Durante el recorrido vimos algunas de estas “masies” que aún se conservan, aunque actualmente tienen otros usos.
Desde la plaça Eivissa fuimos hacia la calle de las “bugaderes”, pasando por una de estas “masies”, que hoy es una residencia de gente mayor. La calle de las “bugaderes” es una calle privada donde todavía se conservan los distintos lavaderos que las lavanderas utilizaban para lavar la ropa de los señores de Barcelona. Un lugar muy curioso y encantador.
Desde allí recorrimos varias calles donde aún se conservan casas originales de cuando Horta era un pueblo y fuimos a la plaza Santes Creus, donde había estado el ayuntamiento original de Horta y donde se cree que se encuentra el origen del barrio. En esta plaza vimos una fuente (regalo del Ayuntamiento de Barcelona) que es una réplica de la fuente de Canaletes.
A continuación, fuimos hacia la calle Horta, originalmente la riera de Horta/Orta (pues en su origen se escribía sin la letra “H”). En esta calle vimos otra de las “masies”, que actualmente es la biblioteca; también observamos una torre reloj y una torre de agua. Como curiosidad, Maria nos contó que aún existen casas que disponen de agua de mina.
Después seguimos callejeando y Maria nos comentó que Horta dispone de un gran tejido asociativo con todo tipo de actividades. Desde allí subimos a la parte alta del barrio para ver la iglesia de Sant Joan d’Horta y recorrimos la calle Campoamor, con sus preciosas casas, hasta llegar a la cruz de término de Horta, situada junto a otra de las “masies”, el restaurante Can Cortada.
La visita finalizó allí; sin embargo, para volver a la plaça Eivissa bajamos por la calle Salses, que también conserva casas con mucho encanto.
Gracias a Maria pasamos una mañana muy agradable conociendo este barrio tan bonito. ¡Muchas gracias, Maria!
Nuestra próxima actividad es el curso de inteligencia artificial, que será a principios de mayo en las oficinas de AEFI, donde esperamos aprender mucho.











