En farmacovigilancia trabajamos cada día con riesgos. Los identificamos, los analizamos, los evaluamos y los notificamos. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando tenemos que explicarlos?
Esta fue precisamente la premisa del curso “Comunicación de Riesgos de Medicamentos”, impartido, los días 29 y 30 de junio de 2026, por la experta en comunicación de riesgos Mari Carmen Climent, quien nos invitó a mirar más allá de los datos y a entender cómo las personas interpretan la información que reciben sobre la seguridad de los medicamentos.
A lo largo de las sesiones quedó claro que comunicar riesgos no consiste únicamente en transmitir información correcta. La forma en que presentamos un dato, el contexto en el que lo situamos o incluso las palabras que elegimos pueden modificar radicalmente su interpretación. Conceptos aparentemente técnicos, como la diferencia entre riesgo absoluto y riesgo relativo, la comunicación de la incertidumbre o el uso adecuado de comparadores visuales, se revelaron como herramientas esenciales para evitar malentendidos y favorecer decisiones informadas.
Uno de los aspectos más enriquecedores del curso fue comprobar que la comunicación de riesgos es una disciplina que combina ciencia y empatía. Porque detrás de cada porcentaje hay pacientes, profesionales sanitarios y ciudadanos que necesitan comprender la información para poder actuar. Y comprender no siempre es sencillo cuando la evidencia científica se traslada sin adaptar el mensaje al destinatario.
Las sesiones prácticas permitieron además trabajar con ejemplos reales y analizar situaciones en las que una comunicación deficiente había generado confusión, percepción distorsionada del riesgo o pérdida de confianza. Lejos de centrarse en la teoría, el curso ofreció herramientas aplicables al día a día de los profesionales de farmacovigilancia, regulatory affairs, medical affairs y comunicación científica.
Quizá una de las principales conclusiones fue que, en un entorno donde la información circula cada vez más rápido, comunicar bien se ha convertido en una competencia tan importante como generar evidencia. Los datos siguen siendo imprescindibles, pero solo adquieren verdadero valor cuando consiguen ser comprendidos.
En un momento en el que la confianza es uno de los activos más valiosos para el sistema sanitario, cursos como este nos recuerdan que la comunicación de riesgos no es el último paso del proceso. Es parte del propio proceso. Porque una información de seguridad solo cumple realmente su función cuando quien la recibe entiende qué significa, cómo le afecta y qué decisiones puede tomar a partir de ella.
Y ese, probablemente, fue el principal aprendizaje que Mari Carmen Climent consiguió transmitir durante estas dos jornadas: que detrás de cada dato hay una persona y que comunicar el riesgo es, en esencia, ayudar a comprenderlo.











